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Che Guevara “Hasta la victoria, siempre” y Fidel Castro “Vas bien Fidel”.

A la llegada al aeropuerto de La Habana, el primer paso es conseguir divisa cubana. En Cuba circulan dos divisas, el peso cubano (CUP) y el peso convertible (CUC). Olvídate del primero, los turistas pagan en CUC que, para más inri, tiene paridad con el dólar americano. Para salir del aeropuerto dispones de taxis a la salida pero,  ¡sorpresa!, 35 CUC el trayecto a La Habana,  más que en Sevilla. Una amiga aventurera negoció con un conductor “pirata” 25 CUC por los cinco que íbamos en un coche de la década de los  50, toda una experiencia!

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Nos hospedamos en un Airbnb en El Vedado, que es el barrio residencial pijo de La Habana, con calles amplias y casas coloniales más o menos restauradas. El piso muy correcto y bien ubicado, aunque es necesario taxi para todo (precio por noche 100 CUC por tres habitaciones para 6 personas). La señora que gestionaba la casa, “Rosy”, muy amable nos recibió con un “Hola mi amol”.

Al día siguiente comenzamos a turistear y la primera gran bipolaridad en La Habana son los taxis, típicos de las postales, vehículos soviéticos de los 50 muy divertidos pero muy dispares en precios (si el vehículo es americano, pagas más). Es todo un milagro pactar un precio ajustado a lo que los locales pagan. La tarifa que pagan los locales es 0,5 CUC por persona, a los turistas les dicen de pagar 2 CUC por persona,  aunque nosotros, en la mayoría de los casos, pagamos 1 CUC por persona independientemente del trayecto. Os recomiendo seguir la siguiente técnica; montarse en el taxi sin preguntar precio y a la llegada darle el importe justo (0,5 CUC por persona), generalmente el conductor se queja, entonces subes a 1 CUC por persona, y te bajas del taxi.

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Nuestra primera parada fue la Plaza de la Revolución, ok, check. Después fuimos a La Habana Vieja, que es el centro histórico. Os recomiendo pasear y perderse por las calles. Según la zona os encontrareis calles con edificios destartalados u otras calles restauradas. Mi amigo Enrique, otro aventurero, se dedicó en el viaje a preguntar indiscretamente a los locales.  En un primer momento pensaba que nos iban a deportar, pero gracias a él me enteré de cosas muy interesantes. En relación a los edificios, nos comentaron que no dan muchos permisos para restaurar los edificios, sólo los gubernamentales son restaurados. Para aquellos que reciben el permiso, el Estado les facilita materiales de construcción para acometer la obra, aunque en la mayoría de los casos revenden el material para sacar alguna ganancia.

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La Habana Vieja tiene un aire muy sureño y marinero, una mezcla entre Cádiz y Sevilla hace 40 años, por lo menos… Algunos edificios merecen ser visitados por dentro, unos son como corralas de vecinos y otros, casas señoriales con patio de columnas y fuentes en el interior. El ambiente en la calle, espectacular:  niños jugando en la calle, grupos de señoras sentadas, música… Además, con buena sensación de seguridad en todo momento. A destacar La Catedral y la plaza San Francisco de Asís.

Al siguiente día nos acercamos a la playa, en concreto fuimos a la Playa del Este a 40 minutos en coche desde la Habana. A la ida, agarramos un taxi por 20 CUC, allí entramos a una tienda de alimentos donde compramos unas cervezas y unas patatas para picar en la playa. La tienda disponía de pocos alimentos, y una vez más fui consciente de la disparidad entre el turista y el cubano. Compramos 8 cervezas (marca Mahou por cierto, no tenían marca nacional) a 1,2 CUC la lata y un paquete de patatas a 4,40 CUC. Una vez más preguntamos indiscretamente a la señora de la tienda y le preguntamos cuánto cobraba. Nos comentó que el régimen (el establecimiento era del Estado) le pagaba 10 CUC al mes de salario, más un complemento para alimentos de 10 CUC y adicional 14 CUC para higiene, en total 34 CUC y nuestra cuenta total por 8 cervezas y un pica pica fue de  22 CUC, más de la mitad de su sueldo.

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La playa, pese a que hacía bastante viento, es muy agradable con aguas cristalinas y el agua no estaba muy fría. Si queréis, tenéis la oportunidad de tomar un coco con ron y comer en la propia playa pescados y mariscos. En nuestro caso optamos por las dos opciones, nos montaron una mesa en medio de la arena y nos sirvieron un riquísimo pescado y una buena langosta, más nuestros correspondientes mojitos. La comida salió por unos 20 CUC por persona, pero mereció la pena.

Hablando de vicios, en relación a los mojitos, probamos bastante diversidad, en línea general están buenos pero seguro que habréis probado mejores en otros sitios. En cuanto al precio sale por una media de 4 CUC. El ron, sí que merece la pena, el ron genérico allí es el Habana (3 años, 7 años, etc.) pero para los amantes del ron os recomiendo el Santiago, es algo más caro pero vale la pena. El problema de los rones con Coca-Cola, o como allí les llaman Cubalibre o Cubata (con o sin limón) es que la Coca-Cola que usan es nacional, y se nota…

En cuanto al tema puros, es una historia…  Por la calle algunos cubanos se acercan y te intentan embaucar para que vayas a los que ellos llaman cooperativa de los trabajadores. Te cuentan una historia de que los trabajadores de la fábrica de puros tienen derecho a montar cooperativas para vender los puros de la fábrica al 50% de precio 2 veces al mes y posteriormente te intentan llevar a uno. Después de que cuatro cubanos nos parasen para contarnos la historia, caímos y fuimos. La experiencia está bien porque te explican y te meten en una casa con solera.

Por suerte nos parecieron caras las cajas de puros (no se podía comprar individuales) y solo nos hicimos con un cartucho de 4 puros por 23 CUC. En resumen es un timo porque casualidad que al día siguiente también estaba abierta la cooperativa. Posteriormente encontramos una tienda de puros que vendían los mismos por unidad y al mismo precio. Ellos nos comentaron que los puros de la cooperativa eran falsos, aunque después de las experiencias en La Habana no sabría a quién creer, son todos bastante convincentes…

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En cuanto a la comida, salvo el día en la playa que comimos muy bien, no tuvimos la suerte de encontrar nada que mereciese la pena destacar. Lo típico es la ropa vieja y cocinan bastante con el plátano. En cuanto a salidas nocturnas, hay un par de sitios que merece la pena destacar. El primero La Fábrica de Arte, un sitio que me sorprendió dado que es una antigua fábrica que combina exposiciones de arte con salas de música “alternativa”, jazz, música electrónica, rock… Cuando entras al sitio, te da la sensación que te encuentras en el Tate Museum o incluso en el Moma. Otro de los sitios, más típico, con una terraza muy chula al aire libre y música en directo, es el 1830. Solo abre hasta la 1 de la mañana.

Resumiendo la experiencia, La Habana es una ciudad de puros contrastes. Por un lado, una ciudad que se está abriendo cada vez más al turismo y se nota en la restauración de parte de la zona antigua, la hotelería… y en los precios! Por otro lado, es una ciudad con escasos recursos, tiendas de alimentación vacías, farmacias con pocos productos, los propios restaurantes en muchas ocasiones no disponen de parte de la carta… Y aquellos habitantes privilegiados que tienen acceso a los turistas, exprimen al máximo sus ganancias con ellos.

Pero sin duda, recomiendo vivir la experiencia y visitar este peculiar país.

 

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