El Castillo de Trasmoz, situado en las faldas del Moncayo, fue un importante enclave estratégico defensivo en la edad media cuando tres reinos, Castilla, Navarra y Aragón, se disputaban su zona de influencia.
Olvidado y abandonado desde mediados del siglo XVI, cuando perdió su valor defensivo, fue recuperado de la memoria por los escritores románticos del siglo XIX y lo salvó de su destrucción el ingeniero Manuel Jalón, conocido por ser el inventor de la fregona y de la jeringuilla desechable, cuando lo compró en subasta pública en la década de los sesenta del pasado siglo y fundó la Fundación Castillo de Trasmoz, que ha rehabilitado la torre del homenaje del citado inmueble, convirtiéndolo en visitable en algunas temporadas del año. Pero hay tres vínculos que relacionan este castillo con Sevilla.

La primera de ella, muy conocida, es la relación e influencia que mantuvo el castillo y sus habitantes con el escritor sevillano Gustavo Adolfo Becquer, quien mientras estaba descansando y recuperándose de una enfermedad en el cercano monasterio de Veruela, acudía con frecuencia al castillo y conoció las historias de brujas y encantamientos que rodean a este castillo y a su población. En sus ”Cartas desde la celda” hace referencias continuas a Trasmoz y muchas de sus rimas y leyendas están inspiradas en los sucesos acaecidos en este pueblo maldito y excomulgado, y que hoy en día sigue exhibiendo como atracción turística sus cuentos de brujas y encantamientos.

Pero hay más vínculos entre Sevilla y esta pequeña localidad aragonesa, que hace frontera con La Rioja, Navarra y Castilla León. Cayetana de Alba, la duquesa que tanta relación tuvo con Sevilla, fue hasta su reciente muerte la Señora de Trasmoz, un título nobiliario que ocupó y que ha heredado el actual Duque de Alba, Fernando. El título nobiliario de Señorio de Trasmoz, sin embargo, no implicaba la propiedad del castillo que, como hemos comentado, pertenece, tras comprarlo al Estado español en subasta, a los herederos de Manuel Jalón.

Y hay una tercera relación entre este castillo y Sevilla. Pedro Manuel Ximenez de Urra, el último habitante del castillo, personaje quijotesco en pleno siglo XVI, y quien consolidó el castillo y el Señorio de Trasmoz, hizo en los últimos años de su vida un viaje por tres ciudades santas, Jerusalén, Roma y Santiago de Compostela, y lo contó en un libro que en su día fue considerado prohibido por la Inquisición y destinado a la hoguera. Al parecer se salvó un ejemplar, que actualmente está en Grenoble, y que sobrevivió gracias a otro personaje sevillano, Hernando Colón, quien lo entremetió entre las tapas de otro si permitido, y formó parte de la biblioteca que el hijo de Colon montó en su casa cercana a la Puerta Real. La Diputación de Zaragoza ha editado recientemente una edición facsímil de esta publicación.

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