
Forma parte de la ruta de los monasterios que salpican la Ribeira Sacra del Sil, en tierras gallegas. No tiene la espectacularidad de otros en cuanto a su tamaño e importancia, pero su enclave y el aire de paz y de recogimiento que se respira en su interior los hace de los más atractivos y, por supuesto, justifica desviarse para ir a disfrutarlo.

Esta cerca de la localidad de Parada de Sil, como decía en la rivera de ese río tan galaico como es el Sil y que desemboca pocos kilómetros más allá en el Miño. Tiene sus orígenes en un asentamiento de eremitas allá por el siglo X. Pasó después a la orden benedictina, dos siglos mas tardes, quienes construyeron el primer monasterio y la iglesia. Su decadencia se inicia con la reforma monástica del siglo XV, pasando a ser ocupado tan solo por un prior que dependia de San Estevo y algún monje, hasta la desamortización de Mendizabal que pasó, como tantos otros, a manos privadas y usado como granja de labor.

La iglesia es un claro referente del románico rural gallego, con planta de cruz latina y una cabecera con tres ábsides semicirculares. Junto, la entrada al monasterio del que se conserva dos alas del claustro central y parte de las dependencias monásticas.
Como decía antes, el entorno y el inmueble invitan a la meditación ya dejarse llevar por los ruidos del bosque y los silencios del interior.

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